martes, 17 de julio de 2012

La inercia del campeón

Creo que es de recibo que antes de que deje de ser noticia dedique el primer post al reciente Campeonato de Europa conquistado por la Selección Española de Fútbol. De esta manera, me gustaría aportar mi granito de arena de cara a evitar que este triunfo pase desapercibido por la aparente “facilidad”, Portugal aparte, con la que se ha logrado. Y es que el éxito cosechado por este equipo es tremendo, no en vano nadie había conseguido antes hacer realidad el famoso “no hay dos sin tres” que tan exitosa y acertadamente promocionó el grupo televisivo Mediaset: Eurocopa-Mundial-Eurocopa. 


Yo era de los que siempre veía a la Selección como candidata a ganar títulos por la calidad de los jugadores que cada dos años eran convocados para acabar con maldiciones varias. La decepción obvia al final de cada torneo era de aúpa, pero jamás me situé en el lado de los que auguraban un futuro en blanco. Era cuestión de tiempo que una generación cambiase la historia. Y sé que es ventajista decirlo ahora, pero tuve muy claro que ésta lo iba a conseguir ya desde el Mundial de Alemania 2006 en el que, tras arrasar en la primera fase, la última Francia de Zidane se cargó al combinado de Luis Aragonés de forma tan justa como sorprendente.

Lo que surgió de aquel torneo fue la sensación de estar ante un grupo de jugadores de calidad incontestable que sumó una experiencia tremenda de cara a los siguientes retos que afrontaría dentro de la continuidad que la Federación otorgó, con un acierto sin precedentes, al proyecto del Sabio de Hortaleza. Y para mí ese fracaso fue la clave del éxito posterior, que, todo hay que decirlo, ni el más optimista podía esperar.

La derrota. Ésa que hace que los verdaderos ganadores se levanten con rabia y aprieten aún más los dientes para resarcirse. Ésa que no por mitificada, deja de ser motor real de la mejora de numerosos deportistas de élite. Ésa que hizo que esta generación de enormes futbolistas cambiase la historia del fútbol español hasta tal punto que la inercia ganadora les haya llevado a la conquista de esta Eurocopa pese a las bajas, los problemas internos (que haylos) o la brega de Portugal. Una inercia que a malacostumbrado a más de uno y más de dos que no son capaces de vislumbrar la dificultad que un torneo de estas características tiene para cualquier equipo, independientemente de su calidad.

Y es que no hay que engañarse; el mérito de este conjunto, incluido Del Bosque (del que ya hablaremos) es precisamente haberse subido a ese carro de los campeones en el que aún se mantiene y conviene tener un poco de perspectiva para valorarlo como tal y, sobre todo, para disfrutarlo. Porque, y lanzo la pregunta sin tapujos, ¿hay alguien que se atreva a pronosticar que España ganará el próximo Mundial o la próxima Euro? Yo, pese a todo, no. De momento.

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